situaciones excepcionales, medidas excepcionales:

terapia virtual como recurso durante y después de la pandemia   

por Montse Cazcarra

Psicóloga en PsyAtWork

A estas alturas todos somos conscientes de las implicaciones que el COVID-19 ha tenido en nuestras vidas.

 

La pérdida de seres queridos a causa de la enfermedad, el miedo a contagiarnos de algo que no se ve y que parece estar al acecho a la vuelta de la esquina, el radical cambio de nuestras rutinas, el aislamiento físico prolongado y el casi irremediable sentimiento de soledad que nos acompaña (incluso cuando compartimos techo con más personas)…

 

Todos estos aspectos han contribuido a que esta situación que hemos vivido (y estamos viviendo) sea todo un reto desde el más amplio sentido de la palabra y para múltiples facetas de nuestra vida.

cambio de foco

Ahora que parece que empezamos a ver la luz, muchos de nosotros vamos siendo más conscientes de las consecuencias que se pueden derivar de la crisis sanitaria y de las medidas implementadas, algunas de las cuales ya empiezan a causar mella. Todavía seguimos interesándonos por el número de contagios diarios, y por el número de defunciones; pero parece que, poco a poco, vamos retomando cierto sentido de normalidad y, con él, ponemos nuestro foco en otras cuestiones.

Ahora nos pesa la incertidumbre: ¿cómo funcionará la desescalada?, ¿cuándo podremos hacer aquello o lo otro?, ¿cuándo podremos recuperar plenamente la normalidad?, ¿habrá un rebrote?

También nos angustia – y mucho –, la economía: hablamos con una u otra persona y parece todo el mundo conoce a alguien que ha estado estos meses sin cobrar, o a alguien cuya 

organización no tiene la certeza de poder seguir manteniendo su actividad a flote, o a alguien de quien ya han tenido que prescindir. Poco a poco las consecuencias económicas se van haciendo más reales y, con ellas, la angustia por la supervivencia de nuestra economía.

gestión emocional en tiempos de COVID-19

Teniendo en cuenta la situación en la que estamos, resulta fácil entender cómo podemos llegar a estar más nerviosos de lo habitual, a tener días en los que nos inunde la apatía y a que nos invadan las preocupaciones. No nos faltan motivos.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado recientemente un informe en el que subraya la necesidad de actuar en el ámbito de la salud mental, remitiéndose a estudios recientes sobre el exponencial incremento de trastornos de ansiedad y de naturaleza afectiva (como, por ejemplo, la depresión).

Puede resultar tentador pensar que los más afectados sean los sanitarios o, cuanto menos, el personal que se encuentra en primera línea. Las estadísticas lo confirman: el 47% de los sanitarios canadienses ha necesitado apoyo psicológico; los sanitarios chinos han reportado mayores tasas de depresión (50%), ansiedad (45%) e insomnio (34%). Son solo ejemplos. Pero que los más afectados sean los trabajadores de primera línea no significa que no tengamos que prestar atención al preocupante escenario global. No es cuestión de profesiones: nadie está exento de sufrir las consecuencias. Niños, adultos… Es una situación novedosa y difícil para todos, ¡todo un reto! Un reto que nos genera agotamiento emocional​.

La lógica nos dice que debemos cuidarnos; que, ahora más que nunca, debemos tenernos en cuenta, prestar atención a nuestras necesidades emocionales y actuar en consecuencia. Pero precisamente la situación que vivimos no nos lo pone nada fácil.

Es posible que nos resulte muy difícil encontrar un momento para nosotros, para poder desconectar. Es posible que necesitemos un abrazo pero que no podamos obtenerlo y tengamos que conformarnos con una conversación que no siempre puede tener lugar. Es posible que necesitemos asistencia; una asistencia pública a la que no es fácil optar; o una asistencia privada que no siempre nos podemos permitir. Incluso es posible que antes de la pandemia contásemos con dicha asistencia y que se viese abruptamente interrumpida al emerger la crisis sanitaria (ejemplo de ello es lo que sucedió en Madrid ciudad, donde se destinaron el 60% de las camas del área de salud mental a atender a pacientes con coronavirus, reduciendo en un 75% el número de personas con emergencias psiquiátricas que podían atenderse).

 

En definitiva: cuando más necesitamos cuidarnos en lo emocional, con menos recursos o posibilidades contamos. O eso creemos.

bienestar emocional en las organizaciones

Todo lo anterior aplica a nivel emocional. Pero es perfectamente aplicable también a las organizaciones. Producciones que se detienen, clientes que no necesitan los servicios que ofrecemos o que deciden prescindir de ellos porque no se lo pueden permitir, plantillas que deben reducirse a la mitad, medidas de seguridad sanitaria costosas y difíciles de implementar, nóminas que se tienen que seguir pagando a pesar de la disminución de los ingresos… A todo esto – que no es poco –, debemos añadir la incertidumbre.

La incertidumbre nos afecta a nivel individual, a la hora de tomar decisiones que nos incumben a nosotros y a nuestro círculo más cercano. Lo mismo sucede en el ámbito de las organizaciones. Se deben tomar decisiones. Nunca se puede estar seguro al 100% y, por lo tanto, tomar decisiones es sinónimo de asumir cierto riesgo; pero la situación actual, que no esté claro hacia adonde vamos en lo higiénico-sanitario, ni en el panorama económico de los próximos meses, todavía lo hacen todo más difícil.

Las organizaciones están ocupadas “apagando fuegos” e intentando controlar los múltiples frentes abiertos. Precisamente ahora, que es cuando menos tiempo y recursos se pueden destinar a mejorar el bienestar y la salud mental de sus trabajadores, es cuando más lo necesitan. A nivel individual tanto como a nivel organizacional; porque no olvidemos que las organizaciones están formadas por trabajadores; trabajadores que piensan, sienten y sufren. Trabajadores que están llevando esta situación lo mejor que pueden, pero que no necesariamente cuentan con las herramientas para gestionarla de la forma más sana.

alternativas muy válidas, pero insuficientes

Se han creado iniciativas a nivel estatal, regional y local para atender a las necesidades psicológicas de los ciudadanos; y no solamente en España, sino a nivel global. En Nueva Zelanda, en Egipto, en Malasia… se han destinado recursos millonarios a aumentar la capacidad de las líneas de atención telefónica para personas que se encuentran en una emergencia psiquiátrica.

Es tentador pensar que todos estos esfuerzos compensan el incremento de la necesidad y que equilibran la balanza a favor de la población. Pero no es así. Lo cierto es que los recursos no son suficientes. Y si no son suficientes, significa que cada persona utilizará las herramientas y estrategias que conoce, que tiene a mano y que sabe aplicar. Herramientas y estrategias que no siempre son sanas, como lo confirman los datos de Canadá: un 20% de la población entre 15 y 49 años ha incrementado su consumo de alcohol durante la epidemia.

Si se necesitan medidas, pero los recursos no alcanzan a atender a todas las personas que pueden necesitarlo, ¿qué hacemos?

a situaciones excepcionales, medidas excepcionales

No sería responsable no hacer uso de las medidas que estén a nuestro alcance; y esto aplica incluso si las medidas disponibles no son las convencionales.

La tecnología se ha ido introduciendo de forma gradual en nuestra vida. Nadie duda que ha tenido un gran peso en esta crisis. Un claro ejemplo es el teletrabajo; una crisis como la actual se hubiera vivido de forma muy distinta hace tan solo un par de décadas. Y no solamente el teletrabajo; sino las citas médicas, las clases impartidas a distancia, e las incluso las reuniones familiares.

Y si todo lo anterior ha sido gracias a la tecnología, algo que definitivamente ha venido para quedarse. ¿Por qué no sacarle el máximo provecho?

Debemos utilizar la tecnología a nuestro favor; debemos ponerla a nuestra disposición. Precisamente esto es lo que proponen las intervenciones como el programa de asistencia psicológica y emocional online myCo@ch. Dicho programa está compuesto por sesiones en las que se trabajan técnicas y estrategias que fomentan el bienestar dotando a la persona con las herramientas que necesita para gestionar su situación de forma más sana. Las sesiones se seleccionan en función de un detallado análisis de su estado inicial a través de una evaluación, permitiendo que cada intervención sea individualizada y hecha a medida de las necesidades de cada persona.

Las sesiones virtuales puedes complementarse con videollamadas con psicólogos, con el objetivo de compartir los avances, resolver dudas y pulir la implementación de las técnicas a su día a día.

 

myCo@ch no es una propuesta convencional; y esto puede no ser siempre una ventaja. Pero la terapia virtual es una opción más que válida ante situaciones como la presente. Al tratarse de un proceso 100% automatizado, permite reducir los costes y, como consecuencia inmediata, llegar a un mayor número de personas, apostando por una aproximación en la que el bienestar de cada persona cuenta.

Referencias: United Nations (2020). Policy Brief: COVID-19 and the Need for Action on Mental Health.

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