los desafíos del confinamiento por el COVID-19

por Montse Cazcarra

Psicóloga en PsyAtWork

La situación excepcional debida a la pandemia por COVID-19 ha puesto en jaque a nuestro estilo de vida, y nos supone todo un reto en distintos ámbitos: en el higiénico-sanitario, en el académico-profesional, en el económico, y también en el emocional-relacional.

El confinamiento ha llegado de repente, obligándonos a relacionarnos, a divertirnos y, para muchos, a trabajar de forma distinta.

¿Cuándo se resolverá la situación?, ¿cuánto tiempo tendré que quedarme en casa?, ¿soy portador del virus?, ¿seré capaz de gestionar esta situación?, ¿cómo llevaré lo de teletrabajar?; ¿qué pasará con la economía?, ¿y con el curso académico de los niños?

Todos nos hemos hecho varias de estas preguntas en los últimos días. Y es que es una situación nueva para todos en la que nos surgen muchas dudas que quedan en el aire porque nadie nos sabe responder con certeza.

La repentinidad de los cambios que debemos aplicar, junto con la incertidumbre que envuelve toda esta situación, hace que las circunstancias nos resulten vertiginosas, llevándonos a experimentar cambios en nuestro estado de ánimo, acompañados de una sensación de preocupación constante y de ansiedad.

 

En algunos casos el malestar emocional va más allá: es posible que no podamos evitar centrarnos en lo negativo, o que tengamos una sed constante de información. También es posible que tengamos dificultades para concentrarnos o incluso que dormir nos cueste más de lo habitual.

 

Vivimos las circunstancias actuales como una situación estresante que activa nuestro estado de alerta emocional y fisiológico. Motivos no nos falta; sobre todo teniendo en cuenta que la situación requiere que activemos ciertos recursos; y esto nos puede resultar todo un reto.

 

Un ejemplo de ello es la flexibilidad y la tolerancia a los cambios. Una parte importante de nuestra sociedad se muestra reticente o temerosa al cambio. Sobre todo, si se trata de cambios tan drásticos, y que impactan en todos los ámbitos de nuestra vida.

 

Demasiados cambios, demasiado rápidos como para gestionarlos y digerirlos con nuestras herramientas habituales.

el eterno domingo

A todos nos ha pasado que hemos estado un domingo encerrados en casa, descansando, sin hacer nada. De vez en cuando nos conviene, nos hace bien.

Estos domingos se acompañan de una sensación de no querer hacer nada, de apatía.

 

Solamente pensar que debemos estar en casa 24/7, “encerrados” (o así es como lo percibe nuestra mente), nos produce una sensación muy parecida a la claustrofobia. Bastará con decirle a un niño que no puede comer un caramelo, para que lo desee con más ganas.

 

Esta sensación muy probablemente afecte a nuestro estado de ánimo de una forma parecida a esa apatía que experimentamos los domingos, pero con la diferencia de que en vez de 24h va a durar algunas semanas.

la rutina como aliada

Para evitar esta sensación de domingo eterno debemos mantenernos ocupados, establecer una rutina. Y cuanto más firme sea, ¡mejor!

 

Aunque el confinamiento reduce nuestras posibilidades, en casa tenemos multitud de opciones:

  • Trabajar: tanto si podemos apostar por el teletrabajo (hablaremos de ello en siguientes apartados) como si tenemos que personarnos en nuestro lugar de trabajo. Trabajar nos hace bien; nos ayuda a sentirnos útiles, a acabar el día pensando que lo hemos aprovechado.

  • Hacer ejercicio: estas semanas no podremos ir al gimnasio, ni salir al bosque a practicar deporte, ni ir a la piscina a hacer unos largos. Pero sí podemos practicar deporte en casa utilizando Apps o vídeos de YouTube con ejercicios guiados. Incluso podemos hacer clases grupales a través de videollamada. Lo importante es movernos y mantener cierta disciplina.

  • Desconectar: estamos saturado de información. El flujo de información es constante, la recibimos por todas partes (TV, prensa, redes sociales) y todo gira alrededor del mismo tema.

El estar permanentemente conectados aumenta las probabilidades de que le demos vueltas al mismo tema, constantemente, y que sintamos ansiedad. Lo ideal es poder desconectar: dejar el móvil de lado, restringir el uso de las redes sociales y comprometernos a ver el telenoticias o a leer la prensa solamente una vez al día.

  • Ocio: estas semanas tenemos que echar mano de la creatividad, tenemos que repensar el ocio.

Tardes de lectura, de juegos de mesa, de planificar un viaje para cuando acabe el confinamiento, de ponernos con el inglés, de retomar ese curso que dejamos de lado por falta de tiempo, de reuniones familiares o quedadas con amigos por videollamada, de actividades rutinarias con ligeros cambios que las hagan divertidas… cualquier opción es válida si nos hace pasar un buen rato. Y si incluye a otros miembros de la familia, o a las personas con quienes compartimos techo ¡mejor!

relaciones intensivas

Habitualmente pasamos poco tiempo con nuestros seres queridos; trabajamos 8 horas (mínimo), destinamos tiempo en desplazarnos de casa al trabajo y del trabajo a casa, tenemos que llevar al día las tareas del hogar y dedicamos tiempo a nuestros hobbies…

 

Llevamos un ritmo frenético en el que tenemos que mantenernos ocupados 24/7 para sentir que aprovechamos el tiempo; y esto nos deja poco tiempo de calidad con nuestra familia, con nuestra pareja y con nosotros mismos.

Ahora bien, las nuevas circunstancias impuestas para aplanar la curva de contagio del COVID-19 nos obligan a cambiar nuestra rutina y, como resultado, tanto si teletrabajamos como si no podemos ir a trabajar y tenemos que quedarnos en casa, las próximas semanas pasaremos mucho más tiempo con nuestra familia.

El confinamiento pasa factura. Es una realidad. Un ejemplo de ello es el aumento de divorcios de la población china tras su periodo de confinamiento. La convivencia intensiva puede afectar directamente al bienestar de nuestras relaciones, tanto a nivel de familia como de pareja. La apatía del confinamiento, junto con el agobio de estar todo el día en casa durante varias semanas, son el cóctel perfecto para que estemos más susceptibles e irritables. Como resultado, surgen más conflictos y nos sentimos con menor voluntad para dar nuestro brazo a torcer para resolverlos de forma satisfactoria.

 

Para evitar que las relaciones se desgasten como resultado de la convivencia intensiva de estas semanas, podemos:

 

  • Apostar por la empatía: entender que esta situación no es fácil para ninguno de los miembros y que cada persona lo vive de la mejor manera que sabe y puede, nos ayudará a entender que lo gestionamos de forma distinta y que nadie nace aprendido para situaciones excepcionales como ésta.

 

  • Ser asertivos: poner límites y comunicar lo que no nos gusta o no nos sienta bien evitará que frustración y rabia se acumulen y acabemos "explotando" expresando nuestro desacuerdo de mala manera.

 

  • Relativizar: no se trata de pasar por alto lo que nos sienta mal; ni tampoco de iniciar un conflicto por cualquier motivo; sino de encontrar el equilibrio entre poner límites y expresar nuestra opinión, y valorar si merece la pena iniciar un conflicto con el coste que éste puede tener a nivel relacional. Un matiz importante: los conflictos no son necesariamente negativos; al contrario, pueden ofrecernos el contexto ideal para renegociar ciertas situaciones con las que no estamos del todo de acuerdo. Sin embargo, una presencia frecuente de conflictos contribuye a la sensación de desgaste.

  • Estar dispuestos a negociar: nuestra meta debería ser alcanzar un resultado del tipo win-win, en el que todos miembros salgan ganando. Nos ayudará establecer acuerdos mínimos, con concesiones sine qua non, y comunicar qué puntos estamos dispuestos a dejar pasar. Sentir que todos los miembros ganan (o pierden), y la sensación de justicia que se desprende del acuerdo, nos ayudará a estar más dispuestos sentarnos a negociar en conflictos futuros.

  • Planificar actividades juntos: si propiciamos las interacciones positivas y conseguimos que éstas tengan mayor peso en nuestro día a día que las de carácter negativo como las discusiones o las desavenencias, estaremos preservando el bienestar de la familia/pareja.

Podemos hacerlo planificando actividades placenteras que fomenten la unidad, la colaboración y el trabajo en equipo; que ayuden a que todo fluya. Por ejemplo, podemos usar juegos de mesa, hacer ejercicio juntos (en casa), cocinar implicando a todos los miembros,...

el teletrabajo: instalar nuestra oficina en casa

En la actualidad contamos con infinidades de recursos online que posibilitan que podamos “mover” nuestra oficina allá donde nos encontremos. Gracias a los cambios experimentados durante las últimas décadas, esta crisis generada por el COVID-19 está teniendo menos impacto de lo que hubiese tenido si todos los puestos de trabajo fuesen de naturaleza presencial.

Si bien es cierto que las bondades del teletrabajo son evidentes, también puede resultarnos un reto. Sobre todo, si no estamos acostumbrados a ello. Es por ello que es aconsejable:

  • “Instalar” la oficina en una estancia de la casa en la que, a poder ser, facilite la concentración (en cuanto a iluminación, ventilación, ausencia de estímulos distractores…) y tenga espacio suficiente para poder manipular los papeles y documentación necesarias.

  • Mantener un horario regular: en la medida de lo posible, debe simular al que tenemos cuando trabajamos de forma presencial, incluidos los descansos para desayunar o comer. Nos resultará más fácil adoptar una rutina.

  • Identificar en qué momentos somos más productivos: tenemos picos de concentración por la mañana, a primera o a última hora de la tarde. Depende de cada persona. Es importante identificarlos y reservarlos para esas tareas que requieren de mayor concentración.

  • Poner límites: es posible que nos resulte tentador poder ir haciendo las tareas del hogar mientras trabajamos. Por ejemplo: poner la lavadora y, mientras ésta termina, trabajar en el informe. Es posible que creamos que aprovechamos más el tiempo, sin embargo, mentalmente nos supone un sobreesfuerzo. Es mejor acabar nuestras tareas laborales y, después, ponernos con las de casa. Nuestra mente lo agradecerá.

  • Détox digital: en circunstancias normales, el tiempo que nos toma volver del trabajo a casa nos ayuda a desconectar. Con el teletrabajo ese tiempo no existe. Es por esto que resulta aconsejable apagar el ordenador cuando acabemos nuestra jornada. De lo contrario, si decidimos dejarlo encendido para ir echando un vistazo a la bandeja de entrada o bien a las noticias, tendremos la sensación de no desconectar. Y así, día tras día, iremos acumulando agotamiento. 

  • Buena comunicación: igual que sucede con la modalidad en persona, tener una comunicación fluida entre los miembros del equipo facilita el buen funcionamiento de éste. Seguramente la organización nos proporcione herramientas de comunicación (Teams, Skype…). Debemos utilizarlas debidamente e incluso podemos crear códigos de comunicación (por ejemplo, llamada si es algo muy importante, e-mail si requiere seguimiento, Teams si se trata de una gestión o comprobación).

  • Separar trabajo de la vida privada: tener a nuestra familia trabajando en casa puede inducir a confusión, sobre todo para los más pequeños. Es importante que clarifiquemos la diferencia entre estar en casa y estar disponible. De igual manera, podemos idear un código que permita saber a nuestros seres queridos si estamos disponibles o no, y viceversa.

hacer apología de lo positivo

En medio de tanta información de carácter negativo sobre, por ejemplo, el número de infectados por COVID-19 crecientes a diario, y frente a las dificultades que se nos presentan, resulta difícil mostrarse positivo. ¡Pero no es imposible!

Solamente nos basta con pensar en todo aquello que posibilita esta situación de excepción. Pasar más tiempo con nuestros seres queridos, compartir espacios distintos a los habituales, conocernos de otra forma, exprimir nuestra creatividad para pasar el rato todos juntos… E incluso si vivimos solos: encontrar formas de “estar en contacto” con nuestros seres queridos, aunque sea a distancia.

 

Algo indudablemente positivo es que tenemos más tiempo. Un tiempo que a menudo echamos en falta debido al ajetreo de nuestras vidas. Pues bien, ahora podemos dedicar un rato a cuidarnos de otra forma, a saciar nuestras inquietudes y a desarrollarnos. Retomar hobbies que dejamos de lado, desempolvar el libro que hace tiempo que compramos, refrescar un idioma que hemos dejado de lado, experimentar con la cocina, dedicar tiempo a nuestras plantas… Todo esto puede ayudarnos a hacer de esta situación de excepción, una situación excepcional.

el universo online

La tecnología se ha ido introduciendo poco a poco en nuestras vidas. Todos somos conocedores de sus bondades, pero es ahora cuando el mundo online nos permite estar conectados con el mundo exterior, cuando nos damos cuenta del importante papel que tiene como aliado para poder hacer “vida normal”.

Nos “reunimos” con la familia a través de videollamada, hacemos formaciones online, seguimos entrenamientos a través de apps, asistimos a conferencias que están teniendo lugar en la otra punta del mundo… A estas alturas, todo esto nos resulta obvio. Entonces, ¿por qué no trasladar la asistencia emocional y el desarrollo personal también al mundo online?

PsyAtWork, a través de su programa 100% online llamado myCoach, lleva más de 5 años ofreciendo asistencia emocional y herramientas para promocionar el desarrollo y crecimiento de trabajadores y colaboradores de empresas a nivel internacional. La asistencia en remoto nos permite contactar con aquellas personas que necesitan apoyo prácticamente de forma inmediata y ofrece respuesta a las necesidades emocionales que la situación actual nos ha generado.

Si consideras que tu equipo puede beneficiarse de asistencia emocional, o bien de desarrollar competencias que les ayuden a gestionar mejor cada una de las vicisitudes de estas semanas, no dudes en contactarnos. Estaremos encantados de escuchar en qué podríamos ayudaros, y de ofrecerte una alternativa acorde con vuestras necesidades. Puedes hacerlo a través de nuestro formulario de contacto, haciendo click aquí.

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